En la presente columna, continuamos la entrevista haciendo referencia a tres temas: la necesidad de los latinoamericanos de organizarnos solidariamente; cómo avanzar en ciencia y tecnología; y la participación de América Latina en el “continente invisible”. 3. H.R. Desde el decenio de los setentas, usted planteó que una alternativa viable para que América Latina tuviera un papel significante, dentro de la estructura del poder mundial, era actuar y organizarse solidariamente. ¿Cómo percibe hoy, la situación al respecto?
J.G. En general bien; veo varios organismos que han crecido mucho. Y como lo he indicado, el trabajo sistemático de líderes como el presidente Lula ha sido notable. Un ejemplo es que ahora el aprendizaje del castellano es obligatorio en las escuelas primarias de Brasil, es algo muy importante, porque Brasil es un país grande y esa política es justa y buena; ello contribuye a la integración latinoamericana.
Creo que Obama no ha entendido cómo están constituidas las fuerzas en América Latina. Él ha debido felicitar los esfuerzos realizados por los organismos latinoamericanos y decir: muy bien; entonces, vamos a realizar acercamientos entre Estados Unidos de América Latina y EE.UU. de América y eso sería aceptado por los latinoamericanos si se maneja con simetría. No fue una sorpresa, pero creo que Obama está totalmente vacío de ideas; es un pragmatista que está haciendo una política que solo puede ser aceptada en el Congreso y por eso es el Presidente, en la historia de los Estados Unidos, con el mínimo de vetos; solamente ha tenido dos, mientras que Roosevelt lo ha hecho cuatro mil o cinco mil veces, porque él tenía una línea política; Obama no tiene una línea política amplia y generosa hacia Latinoamérica.
Dejando ese tema de lado, veo progreso aquí. Percibo algo que me interesa muchísimo y es que observo en América Latina una economía interesada en la satisfacción de las necesidades básicas. ¿Cómo hacerlo? Argentina tiene mucha carne, que puede enviar a Venezuela; Venezuela puede enviar petróleo a Cuba; Cuba, doctores a Argentina y a Venezuela… tendríamos una economía -no la economía- al lado de necesidades básicas; eso es organizar un trueque moderno según posibilidades concretas.
Complementariamente, necesitamos también democracia; es imprescindible. Los chinos tienen dos cosas que son muy útiles: una es la institución de peticiones que facilita que en cada ciudad, en los organismos del Estado, la gente pueda transmitir sus peticiones, sus ideas consensuadas. Ellos sostienen, que mejor que una democracia aritmética es una democracia de ideas.
Yo no estoy preparado para decir que en Venezuela no hay democracia. Recordemos que en Occidente no se organizaron protestas fuertes contra Batista en Cuba y Pérez Jiménez en Venezuela (años 50); solo al final; pero hoy hay algo que se está moviendo en Venezuela y en Cuba.
La otra orientación básica que tienen los chinos, es de origen confuciano: hay que ser gobernado por gente que tenga educación. Ellos tienen un partido comunista con 70 millones de miembros y el criterio para serlo, es que tenga grado universitario; no es propiamente el proletariado industrial. Tienen amplia discusión dentro del partido y sostienen que hay que ser educado para entender cómo se mueven las placas tectónicas de la sociedad. He tenido acceso a sus dirigentes de alto nivel y yo les digo que hay que usar la aritmética para medir los acuerdos entre ellos.
Existen entonces, varios conceptos de democracia que son todos considerables y no creo que hemos escrito el último libro de democracia; hay que desarrollarlo. También, cuando Fidel Castro ha hablado cosas interminables en sus charlas de cuatro o cinco horas, se presenta el caso en que un hombre grita: “Fidel aquí no tenemos esto, y esto y esto”; hay algo allí también; no es suficiente, pero sirve. Los presidentes que tenemos, usualmente emplean charlas formalistas, pero las relaciones directas también puede ser una forma de democracia. Notemos que hay varias formas de democracia y debemos usarlas para profundizar los procesos.
4. H.R. Conocemos hace decenios, que la nueva división internacional de trabajo se plantea entre productores y consumidores de ciencia y tecnología. ¿Qué recomendaciones formula para avanzar seriamente desde América Latina sobre el tema?
J.G. Veamos inicialmente, un panorama general. A mí no me sorprende, pero me da un gran placer tratar de entender la situación cambiante del mundo de hoy. Ahora tenemos países de América Latina como sujetos, no como objetos. Todos están produciendo muchas cosas; se nota sobre todo en los países mayores como México y Brasil, pero son autosuficientes en naturables e importantes en maquinaria moderna; son productores y consumidores. Se da menos de eso en África, por ejemplo.
Y… ¿por qué América Latina lo hace mejor? Sus esfuerzos por independizarse, llevan ahora dos siglos, mientras que África apenas 50 años. Ambos han recibido el choque del genocidio de los conquistadores cristianos europeos, pero África sufrió la esclavitud de muchos siglos, tanto de los europeos como de los musulmanes, en partes muy complicadas. Fue un choque que ha producido sociedades muy débiles. Ellos hablan ahora de una primavera africana que puede venir en 2012; vamos a ver qué pasa.
En Asia, existe una situación muy diferente de hace 40 años. Allí teníamos casi solamente Japón; ahora tenemos el desarrollo de los japoncitos, los cuatro famosos, pero es mucho más significante China. Esto ha empezado en 1980, con Deng Xiao-Ping, pero ha tenido la revolución de Mao Tse-Tung como condición. La revolución cultural conllevó la revolución de las mujeres, de los jóvenes y de la gente del campo, contra los hombres más o menos viejos. Ellos han tenido la experiencia, después de casi 20 años, de la revolución maoísta. A través de su invitación, he tenido la ocasión de discutir sobre estos temas, hace poco tiempo, en la Escuela del Comité Central del Partido; fue una discusión supremamente útil. Ahora tenemos una situación donde el pueblo inmenso de China puede participar. Quedan todavía 800 millones para capacitarse; pero están trabajando con el segundo grupo de 400; la situación ha cambiado en 40 años. Tenemos que prepararnos en Occidente y en América Latina, para entender que el mundo ha cambiado en los últimos dos decenios.
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