El mayor Guillermo Solórzano el día de su liberación.
“Ha sido un año de cumplir metas y sueños, de crecimiento profesional, de encontrarme con los amigos y los familiares. A veces tenemos cuellos de botella pero hay periodos de compensación. Me he especializado en lo mío, que es la seguridad integral, he aprendido inglés, disfruté las navidades pasadas. He recuperado el tiempo perdido”. Así sintetiza el mayor Guillermo Solórzano el año que ha transcurrido desde su liberación. Del Solórzano cansado que salió de la selva junto al cabo Salín Antonio Sanmiguel el 16 de febrero de 2011, ya no queda mucho.
“Al comienzo no podía dormir porque estaba acostumbrado a los ruidos de la selva, a la incertidumbre que allí se vive y al agua, a las tormentas y los truenos (…) Durante meses comí con cuchara, como lo hacía durante el secuestro”, comenta y con algo de pena confiesa lo que fue conocer el Facebook y el BlackBerry por primera vez. “Todos hablaban de ellos y yo no sabía que eran hasta que por fin los conocí, la sorpresa fue tal como cuando me di cuenta que a los uniformes de la Policía les habían cambiado el color”.
Para conmemorar este año en libertad, el mayor Solórzano hará una misa en la Escuela General Santander junto a sus compañeros de la Policía, una institución que, dice, nunca lo abandonó ni a él ni a su familia. “Ellos tuvieron informada a mi familia todo el tiempo. Para mí la Policía no es un trabajo sino el estilo de vida que escogí. He pasado casi 20 años como uniformado y no pienso dejar de hacerlo, ni siquiera en los peores momentos pensé en claudicar”, asegura y dice orgulloso que se está preparando para ascender el próximo año. “Cuando uno hace el juramento de proteger a los ciudadanos debe llevarlo al máximo. Padecí pero volví fortalecido para cumplir con mis compromisos”.
Dentro de las metas que se planteó este año, Solórzano va viento en popa para lograr una de ellas: la de convertirse en profesor. Al preguntársele que lección le dejó el secuestro y quisiera compartir con sus estudiantes, Solórzano asevera orgulloso: “A confiar en sus propias capacidades, a conocerse plenamente. Sólo hasta cuando uno pasa por un reto como una enfermedad, un secuestro o algo similar, sólo en ese momento entiende de lo que es capaz física y sicológicamente y de lo que puede resistir. Yo estuve solo durante mucho tiempo, luego llegó Sanmiguel y, como se dice, cuando dos o más se juntan las fortalezas aumentan”.
A los 13 uniformados que siguen en poder de la guerrilla, Solórzano les dice con firmeza: “No se rindan, resistan. La libertad sigue pendiente pero va a llegar, perseveren porque la vida es de Dios y él no la regala. Él persevera y tarde que temprano su mano los sacará de allí porque hay cosas muy duras, pruebas muy duras pero éstas no duran para siempre y con el apoyo del gobierno y la sociedad civil saldrán de la selva”. No lo puede decir alguien mejor: un hombre al que el secuestro hirió pero no doblegó.
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Redacción Judicial | Elespectador.com
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