Opinión |21 Feb 2012 - 11:00 pm
El TLC y el Sistema de Salud
Por: Rodrigo Lara
Hace quince días dediqué esta columna a un interesante estudio de Fedesarrollo sobre los precios descomunales de algunos medicamentos biotecnológicos en Colombia y su impacto en las finanzas del sistema de salud.
La Ministra Beatriz Londoño tiene en sus manos la elaboración de un decreto que fije reglas claras y transparentes que fomenten la competencia en la producción segura de medicamentos biosimilares.
Este decreto cuenta por supuesto con la oposición de sectores que no quieren perder los privilegios tarifarios de un monopolio. Sin embargo, el reto más grande de la Ministra no está en vencer el lobby organizado por estos sectores. Su dificultad mayor reside en la lógica de implementación del TLC con los Estados Unidos.
La USTR (por sus siglas en inglés la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos) es una dependencia del Gobierno estadounidense creada para sincronizar las políticas entre la industria y el gobierno en las negociaciones comerciales con otros países.
La USTR expide el Reporte 301, un listado en el que Estados Unidos clasifica a los países de acuerdo a sus esfuerzos por proteger las normas de propiedad intelectual de ese país, por lo tanto, las naciones que no cumplen sus dictámenes son clasificadas en la “Watch List” o en la “Priority Watch List”, con el fin de condicionar la aprobación de tratados de libre comercio al respeto de normas favorables a la industria norteamericana.
Este reporte tiene una sección dedicada al estado de la propiedad intelectual en el campo farmacéutico elaborada por Phrma, el poderosísimo de la industria farmacéutica en los Estados Unidos. A Colombia, la clasifican en la Watch List, y se le exige un catálogo de reformas al régimen de propiedad intelectual que pone los pelos de punta.
Para solo citar unos ejemplos, a nuestro país le piden que desmonte el incipiente régimen de control de precios de medicamentos; se solicita que establezca una normatividad de patentes para los productos biotecnológicos y de segundo uso y que extienda la protección de datos de los productos de estas multinacionales. Esto hace, en la práctica, imposible cualquier reproducción local de productos biotecnológicos y por ende preserva el monopolio del que gozan estas empresas.
Es este reporte, el 301, el mazo que utilizan los Congresistas Norteamericanos, afectos a Phrma, para exigirle a su gobierno mano dura en la implementación de los tratados de libre comercio con otros países.
Es interesante observar como Israel, hoy un líder mundial indiscutible en biotecnología, está en la oprobiosa “Priority Watch List” de este reporte; de haber cumplido con los mandatos del Reporte 301, tal vez el país hebreo no habría desarrollado esta exitosa nueva industria, como tampoco los Estados Unidos hubiera podido industrializarse en el siglo XIX de haber acatado estrictamente las patentes industriales de las naciones europeas.
En Colombia, la sostenibilidad de nuestro sistema de salud reside en el tipo de implementación que hagamos del TLC con los Estados Unidos. Esperemos que las recomendaciones de agenda interna que haga la oficina de Hernando José Gómez, el “Zar del TLC”, vayan en el buen sentido.
@rodrigo_lara_
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