Eso se dio en el partido Júnior-Cali. Ambos equipos, con problemas comunes en definición, pusieron interés en generar fútbol rápido de ida y vuelta, con dos conductores definidos como resultaron ser Giovanny Hernández y Álvaro Domínguez. Dicho de forma clara, se dedicaron a jugar, o para precisar, a intentar jugar, exhibiendo dinámica y entrega.
Cali mejoró sustancialmente, porque Domínguez dio orden, se movió por ambos sectores y sus compañeros tuvieron claro que él cobraba los tiros de esquina y los libres, buscando a cabeceadores como Nazarit, quien estableció un cerrado duelo de fuerza y choque con el brasileño De Almeyda. Domínguez le permitió al Cali, como también Andrés Pérez, ofrecer una imagen cercana a lo que debe ser un equipo, así los jóvenes laterales estén lejos de aportar lo que requiere el equipo, que paradójicamente perdió en el último minuto, por culpa de un lateral, Héctor Quiñónez, quien fue del Cali. Las dos visitas a la Costa Atlántica le amargan la situación a Insúa; de seis puntos sólo rescató uno. Tanto el Real como el Júnior lo desarbolaron. Es lo que llaman no saber cerrar el partido.
El Júnior mejoró cuando Ruiz ingresó, faltando 30 minutos, porque fue capaz de ubicarse en la zona donde pudo ayudar a Giovanny, y eso que Cárdenas lo estaba haciendo bien, tanto así que por momentos fue quien más inquietó a Castellanos, puesto que Páez continúa divorciado de su mejor oficio, por no decir único, el de hacer goles.
Este partido me gustó por la fluidez y las ganas de jugar, dejando de lado interrupciones y broncas entre jugadores y, de paso, al árbitro, que se comió penaltis para ambos (el de viera y uno a Páez), pero dejó jugar y estuvo más reservado en el uso de tarjetas amarillas, una de las causales en nuestro fútbol de tanto pare y arranque. Los árbitros no logran entender que jugar es vivir rodeados de choques, de fuerza, de inercia, de contacto que llaman, y todo no puede ser premeditación.
Lo que sí resultó a ambos fue la inoperancia en ataque. Los verdes se demoraron más de 20 minutos, los del comienzo, para crear una situación real de gol, y Júnior mucho más. El juego en Colombia tiende a ser propiedad de volantes y les está costando mucho a todos los equipos descubrir un mecanismo más serio y práctico para disponer de goles. Quizás haya goleadores, pero si la pelota no llega y los laterales no cumplen el papel que se supone les asigna el fútbol moderno, continuaremos viviendo esta pobreza ofensiva.
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