Opinión |19 Feb 2012 - 1:00 am
Massachusetts Bay y Providencia
Por: Armando Montenegro
El libro de Karen Kupperman, Providence Island 1630-1641: The Other Puritan Colony (Cambridge, 1993), ganador del premio Albert J. Beveridge como el mejor texto de historia en Estados Unidos en 1995, debería ocupar un lugar más destacado en los cursos de historia económica de Colombia.
Este trabajo permite hacer una comparación de dos colonizaciones paralelas realizadas por puritanos británicos a comienzos del siglo XVII: la de Massachusetts Bay, en el noreste de Estados Unidos, y la de la isla de Providencia en el Caribe colombiano.
La primera es un modelo del desarrollo económico de pequeños propietarios asentados en fincas familiares. Como la tierra era abundante y los colonizadores no disponían de indígenas o esclavos, la economía tuvo que basarse en la mano de obra de los propios europeos. Se crearon, por ello, instituciones que reflejaban la realidad de una sociedad bastante igualitaria, que estimulaba la educación, el gobierno local y la participación de todos en los asuntos públicos.
En las plantaciones de Providencia, en cambio, se utilizaron esclavos y se crearon instituciones orientadas a preservar la desigualdad económica y social. Se desarrolló una estructura de clases con enormes diferencias sociales y económicas (algo semejante sucedió en las colonias europeas, como las españolas de los Andes, cuyas economías se basaron en el trabajo de los indígenas en las encomiendas y las minas).
Los historiadores Stanley L. Engerman y Kenneth L. Sokoloff señalan que la diferencia entre las instituciones como las de Massachusetts y Providencia se originó en el clima, la disponibilidad de trabajo (colonos británicos en Massachusetts; indígenas y esclavos en Providencia) y los cultivos que permitían esos territorios: granos en Massachusetts, con una escala de producción que se alcanzaba en pequeñas fincas familiares; caña y tabaco en el Caribe, cuya producción óptima se obtenía por medio de grandes plantaciones, que requerían de un número importante de trabajadores (esclavos e indígenas).
Lo interesante es que los mismos puritanos que, con una estricta ética de trabajo, desarrollaron en Massachusetts un admirable sistema de producción basado en el esfuerzo de todos, en el Caribe se excluyeron a sí mismos de los rigores del trabajo físico e implantaron una rígida economía esclavista.
El hecho de que los puritanos británicos de Providencia hubieran establecido instituciones basadas en la esclavitud —es decir, que hubieran hecho exactamente lo mismo que hicieron los colonizadores españoles y portugueses católicos en Brasil y otras partes del Caribe— debilita las tesis que señalan a la religión o la cultura como el origen de la divergencia de la historia económica de Norte y Suramérica (en el sur de Estados Unidos y en varias islas del Caribe, los británicos también establecieron plantaciones esclavistas).
Aunque ya varios historiadores habían señalado que la brecha entre el desarrollo económico de Estados Unidos y las antiguas colonias de España y Portugal se originó, desde muy temprano, en la diferencia de sus instituciones (como el profesor de Harvard David Landes), la contribución de Engerman y Sokoloff consiste en explicar que esa diferencia fue inducida por la diferente dotación de factores del norte y del sur, entre ellos, como se dijo atrás, el clima, la tierra y el trabajo.
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