Opinión |16 Feb 2012 - 10:00 pm
Yo soy como el picaflor
América
Por: Ricardo Bada
El 22 de febrero de 1512 murió en Sevilla la persona gracias a cuyo nombre América se llama América, y no como tendría que haberse llamado: Colombia. Hace un par de semanas les hablaba acá de que son pocos los escritores que han dejado su huella en la nomenclatura científica, y que uno de ellos fue Goethe.
Los mineralogistas llaman goethita a un óxido de hierro que al soplete se funde sólo en los bordes. Luego he descubierto el caso de la araña Bagheera kiplingi, así bautizada en honor de la pantera negra en El libro de la jungla. Mi columna de entonces la motivó la aparición en Argentina del fósil de un mamífero tipo ardilla, con dientes como sables, al que su descubridor bautizó Cronopio dentiacutus, en honor de Cortázar. De tal modo que el cronopio sería, casi con toda certeza, el primer ser literario que sirve de padrino a un logro de la Ciencia, porque Pimpinela Escarlata se llamaba así por la flor, que existía antes que el personaje. En el ámbito de la geografía también les hablé de una cumbre montañosa, Guimarães Rosa, en la frontera entre Brasil y Venezuela, y poco después me acordé de que, desde 1932 a 1990, la ciudad rusa Nizhny Nóvgorod se nombró como el más ilustre de sus hijos: Gorki.
Por último, mientras maquinaba esta columna, y aunque no se trata de un escritor, descubrí la isla U Thant, en el East River de Nueva York, frente a la sede de las Naciones Unidas: U Thant fue su tercer secretario general, por cierto que citado varias veces como tal en Mafalda. Sea como fuere, ninguno de esos apelativos puede hacerle sombra al hecho de que todo un continente sea llamado por el nombre de una persona. Una persona a la que ha sido Bogotá la primera ciudad americana en erigirle un monumento, el año 1987, en la calle 97 con 7a.
Stefan Zweig le dedicó a su vez otro monumento, una de sus biografías, donde rescata el buen nombre de alguien que conoció y en parte navegó cuatro de los más grandes ríos continentales y fue quien personalmente bautizó una de sus regiones como Venezuela. Alguien que era un buen amigo de Colón y de quien Colón siempre habló con gran elogio. Alguien, en fin, que no tuvo arte ni parte en el hecho de que en un libelo publicado el año 1507 en Saint Dié de los Vosgos, el cartógrafo alemán Waldseemüller llamase América a todas las tierras descubiertas a Poniente desde el 12.10.1492. Me atrevo a aventurar la hipótesis, jugando al juego de los futuribles, de que si el responsable de aquel mapamundi hubiera sido Vespucio, lo hubiese rotulado con el nombre de Colombia.
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