Opinión |9 Feb 2012 - 10:00 pm
Ojo a las hojas
Elecciones
Por: Juan David Correa Ulloa
Uno de los principios de la libertad individual es que, al ejercerla, uno no cause daño a otros. Ese postulado parece ser una de las tesis a controvertir un libro que ha sido comentado, aplaudido, y celebrado por buena parte de los medios occidentales.
Como si Time fuera el termómetro cultural del orbe, la portada dedicada a su autor, Jonathan Franzen, por su novela, Libertad, ha sido el disparador de una nueva ola de elogios que ha recorrido el mundo. Llamada a ser “la gran novela americana”, la han señalado de recuperar una especie de aura literaria ausente por años en las ambiciones de miles de novelistas del pasado siglo XX, lo cual, por supuesto, es falso. Franzen ha sido visto como el vindicador de unas formas y de un estilo decimonónico donde el mundo pretende caber en una novela, lo cual también han intentado otros.
Con tamaños presupuestos leer Libertad es un ejercicio apasionante pero en principio fatigoso. Lo sobrecogedor es que en verdad es una inmensa novela sobre las relaciones humanas, la ambición, el amor, los desencuentros, la política, el medio ambiente, las corporaciones, y un largo etcétera de razones que sería imposible enumerar. Está tan bien armada, tan bien contada, que cuando se comienza, uno comprende de inmediato que poco importan las categorías y los rumores.
Libertad comienza con el derrumbe de un hombre llamado Walter Berglund. Se trata, después del primer capítulo, de entender por qué. A través de una narración indirecta, Franzen nos dirá que todo comienza en una Universidad donde Walter, Richard y Patty se encuentran a los 18 años. Walter y Patty se enamoran, a pesar del evidente interés de ella por Richard, un músico que sale con una desequilibrada amiga de Patty. Al crecer, después de que Walter y Patty han vivido juntos y han tenido hijos, los tres descubrirán que toda elección en nombre de la libertad, deja escombros a su paso. No sólo las suyas, por supuesto, sino las de la política de turno, que terminan por influir en sus propias vidas. Enfrentados al deber, los personajes de Libertad siempre estarán pensando en poder ser lo que alguna vez soñaron. Y aunque es demoledor su destino, al final Franzen abre la compuerta y nos deja con la sensación de que la vida siempre es capaz de sobreponerse a la desgracia.
Libertad, Jonathan Franzen, Salamandra.ojoalahoj@yahoo.com
Juan David Correa U.
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